Elogio de la desmesura
Resumen
A Estanislao le gustaba la palabra desmesura. Le atraían las acciones que se llevaban adelante sin medida, fuera de toda
escala razonable, desproporcionadas, excesivas. Quizás por eso, se dedicó a la Pedagogía. Después de todo, la educación
era para él la más desmesurada de las acciones humanas, solo equiparable, solía decir, al amor. Lo decía así: “Una característica singular de la intervención educativa es su inadecuación o, quizá sea más exacto decir, su carácter desmedido, desmesurado, inapropiado, no correspondido”. A esa intervención “siempre en falta con el resultado” la calificó, retomando un concepto al que aluden Derrida y Roudinesco en aquel memorable diálogo publicado bajo el título “Y mañana... qué”, como in-calculable. El resultado de la acción educativa, sostenía, escapa a todo cálculo, “llega de golpe o muy lentamente, llega en el momento indicado o cuando no tiene valor, es decir que se trata de una operación que precisa admitir en algún punto de su recorrido la indeterminación plena del resultado”.
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Antelo, E. (2005). La pedagogía y la época. En M. S. Serra (Coord.), Autoridad, violencia, tradición, y alteridad.
La pedagogía y los imperativos de la época. Novedades educativas.
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