
Revista de la Escuela de Ciencias de la Educación - 2026, 1 (21)
saba a la estimación de aquello que, quienes lo leerían o lo
escuchaban, esperaban, necesitaban o demandaban de él.
Eso le valió, equivocadamente, el mote de “provocador”.
Pero él era todo lo contrario. Un “provocador profesio-
nal”, para usar sus propias palabras, es también un calcu-
lador de efectos, una especie de especulador que subordi-
na lo que piensa o dice a las expectativas de su auditorio.
Nada más lejos. Estanislao Antelo pensaba fuera de todo
cálculo y ponía ese pensamiento a disposición. Ni más
ni menos. Si ese pensamiento desmesurado, despropor-
cionado, provocó el nuestro, tocó nuestras más queridas
convicciones, nos hizo mover de lugar o nos incomodó y
nos empujó a pensar algo otra vez o de otro modo, esa no
era su intención. Su intención no era otra que compartir
lo que pensaba, simplemente porque “el pensamiento so-
litario -dice en la editorial del primer número de la revista
La Tía- se aburre, se amarga, se pudre y muere”. Todo lo
demás -si ocurría- vendría por añadidura.
Puesto del otro lado del mostrador, del lado del que
aprende, la desmesura también era su regla. Era desme-
surada la cantidad de libros que descubría, leía y releía
con avidez, lo que lo convertía en un lector inalcanzable;
pero también era ilimitada la variedad de cosas que podía
leer: obviamente, libros de autores, disciplinas y géneros
muy diversos, pero también, películas, canciones, publi-
cidades, refranes, que descifraba como textos teóricos y
usaba como referencias al mismo nivel que las citas bi-
bliográcas. Por supuesto, no deja de tener una cuota de
humor citar a Roberto Carlos junto a Szloterdij, al grupo
Safari junto a Sennet; o usar el slogan de una publicidad
de cerveza junto a Todorov. Pero también muestra “en
acto” eso que se había esforzado tanto en teorizar: que las
operaciones sobre los signos que recibimos, sobre eso que
otros ponen a nuestra disposición son in-anticipables,
in-calculables. La inteligencia descomunal de Estanislao
Antelo, ese pensamiento desmesurado y exhuberante,
era resultado de la libertad con la que leía el mundo, de
su disposición a operar sobre los signos para arrancarles
otros signicados.
Cierro aquí este brevísimo texto que, de más está de-
cir, hubiera preferido no escribir. Lo voy a hacer, como
no podría ser de otro modo, con una armación desme-
surada: Estanislao Antelo es -para mí- el mejor pedagogo
de la Argentina. Lo digo y lo diré siempre en tiempo pre-
sente, porque el presente es el tiempo de su obra y en su
obra estará él siempre presente, con toda su desmesura,
con su hermosa desmesura.
Epílogo
Cuando se estaba elaborando el proyecto de Escuela Se-
cundaria de la UNGS, se solicitó a los y las docentes del
área de Educación de la universidad que hicieran llegar
sus propuestas y sugerencias. Estanislao elaboró como
respuesta, este hermoso decálogo que hasta ahora se
mantuvo inédito.
Mis propuestas son las siguientes:
El primer mal intelectual no es la ignorancia, sino el
desprecio. El desprecio hace al ignorante y no la falta de
ciencia. Y el desprecio no se cura con ninguna ciencia, sino
tomando el partido de su opuesto, la consideración.
J. Rancière
Intentar instalar en el interior de la institución las
siguientes ideas:
1. Una hipótesis de conanza generalizada (es una idea
de Rancière pero también de Sennett y de Cornu, y
vaya a saber de cuántos amigos más que no conozco).
2. Un comunismo de las inteligen-
cias (es una idea de Rancière).
3. Presumir saber y capacidad en los destinatarios.
Identicar al menos un saber experto (puede ser
boxear o memorizar) y describir cómo y dón-
de se aprendió. ¿Qué saben hacer muy bien?
4. Vericar el amor a la democracia escolar (cual-
quiera puede hablar. No se precisan títulos
para hablar) y suspender la pasión desigualitaria.
5. Experimentar el mundo desde el prisma de
la diferencia y no de la identidad. El yo es el
enemigo del amor (es una idea de Badiou).
6. Procurar ligar la lógica del “saber” y el “conocer” con
la del “pensar”. (La idea es de Badiou pero habría
que preguntarle bien a Cerleti). Como dice Ran-
cière “no hay evidencias de que el conocimiento de
una situación implique su resolución” (…) Ya que
estamos podemos cerrar la puerta de la caverna de los
expertos iluminadores y tomadores de conciencia.
7. Recordar que quién dice no puedo, dice
no quiero (Es una idea de Rancière).
8. Invertir la forma de aproximarse a los destinata-
rios que en general consiste en dar (clase, afecto,
conocimiento, esfuerzo, etc.) antes que en pedir.
Tal vez la pregunta no es qué le tengo que dar/
enseñar, sino: “qué tiene usted para darme a mí”.
Funciona bien en las entrevistas con los padres. Si
funca, remplaza las formas clásicas de ayuda que