
Revista de la Escuela de Ciencias de la Educación - 2026, 1 (21)
desplegaba en cada encuentro, invitando constantemente
a discutir, a sumar, a no eludir el ser parte en la disputa
pública. Quizá pueda ser útil para leer en él las marcas de
su autoría.
CENTRO DE ESTUDIOS EN PEDAGOGÍA
CRÍTICA
La idea de laboratorio, usina, atelier es extraña
a las peripecias académicas de las ciencias sociales.
Es en el derrotero que anuncia esta misma idea,
donde queremos fundar un Centro de Estudios. Un
laboratorio de Pedagogía, no entendida como una
disciplina restringida al ámbito escolar, sino referi-
da a la creación de esferas públicas. (Giroux 1995)
Una práctica política-pedagógica. Unas teorías,
unos lenguajes, una praxis que se dispone a interro-
gar/intervenir sobre un campo problemático peda-
gógico (Puiggrós 1995), no pocas veces minorizado
por la comunidad intelectual. Un ejercicio del pen-
samiento que procura hacerse “de otro modo” y des-
de lo “intolerable” (Foucault, 1976) y un compro-
miso en entender a la sociedad democrática como
algo que está “siempre por hacer” (Laclau, 1993).
Un conjunto heterogéneo de voces indican cami-
nos posibles. Por un lado, la Filosofía, el ejercicio lo-
sóco que ponen en acto las herramientas diseñadas
por Michel Foucault, Gilles Deleuze, J. Derrida, E.
Laclau y S. Zizek, Tomas Abraham y Cristian Fe-
rrer.
En el campo de la Pedagogía crítica, el ejercicio
político-pedagógico que usufructúan Paulo Freire,
Henry Giroux, Peter McLaren, Adriana Puiggrós
y otros.
Entre la variedad de problemas que en este
campo se incluyen, enumeramos los que considera-
mos prioritarios:
1- Tenemos unas teorías del conocimiento pero
no de la educación. Entender a la Pedagogía como
Teoría de la Educación, exige resituar el lugar de
la teoría como constitutiva de la experiencia. El an-
ti-intelectualismo creciente de políticos, trabajado-
res culturales, maestros y profesores, los llamados a
privilegiar acríticamente la experiencia y la “reali-
dad educativa”, el pragmatismo neo-liberal, el im-
pedimento en profundizar las conexiones entre la
práctica y la teoría conforman un conjunto coheren-
te de dicultades primarias en el campo pedagógico.
2- La tautología escuela-educación (Varela, J. y
Álvarez Uría, F., 1990), cáliz preferido del discurso
pedagógico moderno, no sólo desdeña las enseñan-
zas de modos históricos de educación “no escolares”,
sino que prohíbe recorrer los bordes de la pedagogía
moderna, negando las producciones culturales que
las trasformaciones tecnológicas y sociopolíticas de
n del milenio anuncian. Minorías de creciente
conguración en toda América, formaciones so-
ciales que no se resignan a administrar la crisis,
trabajos provenientes de la crítica literaria, el psi-
coanálisis, el arte y la música; acometidas autoges-
tionarias (organizaciones juveniles, trabajadores
culturales en el campo de la salud, experiencias
comunitarias, sectores radicales de la iglesia, ra-
dios comunitarias, etc.), cuerpos y voces silencia-
das, afortunadamente heterogéneas y en ocasiones
dispersas que conforman un conjunto de acciones
culturales indispensables a la hora de pensar la
educación. El concepto de “educación no formal” y
sus derivaciones se ha mostrado absolutamente in-
capaz -agregaríamos cómplice- de dar cuenta de la
complejidad y extensión de las prácticas educativas
que atraviesan la escuela.
3- La crisis orgánica del sistema educativo
nacional cuyos síntomas aparecen claramente des-
criptos en el último trabajo de la Dra. Adriana
Puiggrós (1995) y al que sumamos el intento del
lósofo T. Abraham por pensar la historia de la
cultura nacional como una cruzada moral que se
justica frente a las acusaciones de la iglesia conser-
vadora de “inyecciones venenosas sobre el ser nacio-
nal” (Abraham 1995).
4- Por último, una ejercicio histórico del pen-
samiento pedagógico que intenta diagnosticar e
intervenir sobre el presente, presta atención a las
nuevas formas de dominación suavizadas por ex-
presiones pluralistas muertas y consensistas. La ley
Federal de Educación, llamada a sustituir gran
parte del escenario pedagógico moderno, lejos de
apaciguar los ánimos intelectuales, nos obliga a
describir, comprender y explicar sus usos y efectos,
y las nuevas conguraciones estratégicas que se im-
ponen.
Nuevas tareas entre muchas nos esperan:
• Entender la verdad como un juego, lo so-
cial como conjunto de elementos necesarios
y contingentes, a la escuela pública como
ámbito no negociable de vida pública.
• Abocarnos a la construcción de un “nuevo
imaginario pedagógico”, la “construcción