
Revista de la Escuela de Ciencias de la Educación - 2026 1(21)
vida. Por otro lado, la ansiedad negativa se manies-
ta cuando la intensidad de la reacción emocional
supera lo adaptativo y genera síntomas difíciles de
controlar, no se busca la causa ni las posibles solu-
ciones. En tales casos, la persona centra su atención
en las manifestaciones físicas y emocionales -como
tensión muscular, dicultad para respirar o preocu-
pación constante-, lo que puede derivar en trastor-
nos de ansiedad o depresión. Según el Instituto Na-
cional de Salud Mental de Estados Unidos, quienes
padecen este tipo de ansiedad suelen experimentar
preocupación excesiva, tensión muscular, proble-
mas para dormir y dicultad para relajarse (Instituto
Nacional de Salud Mental, 2022). En contraste, la
ansiedad adaptativa o normal se presenta como una
respuesta funcional ante estresores cotidianos. En
estos casos, la reacción es proporcional, temporal y
permite a la persona movilizarse o prepararse ante
una situación desaante. Sin embargo, cuando la
ansiedad deja de cumplir esta función y comienza a
interferir en la vida diaria, es necesario buscar apoyo
profesional para evitar que se convierta en un tras-
torno más grave (Organización Mundial de la Salud,
2023).
Dentro del entorno universitario, también se
presentan síntomas de ansiedad y depresión, donde
un alto porcentaje de estudiantes experimenta estrés
académico debido a las múltiples exigencias del ám-
bito escolar. Entre las situaciones que lo provocan
se encuentra la entrega simultanea de tareas y acti-
vidades, la presión por participar en evaluaciones,
así como la necesidad de llegar puntualmente a clase
para evitar sanciones. Estas demandas generan preo-
cupaciones constantes en los estudiantes y, con fre-
cuencia, desencadenan episodios de estrés (Toribio
y Franco, 2016).
El estrés que experimentan algunos alumnos,
y que impacta en sus estudios de forma negativa,
puede ser: el familiar, el económico, el relacionado
con la salud o con la pérdida de un familiar cercano
(Berrío y Mazo, 2011). De acuerdo con Reddy et al.
(2018, p.1) los estudiantes no percibían el acto de
estudiar como una fuente directa de estrés, sino las
expectativas que sus padres depositaban en ellos. En
el estudio se señala que “la única tarea que se espera-
ba que los estudiantes realizaran era estudiar”, pero
lo realmente estresante eran las exigencias parenta-
les vinculadas al rendimiento académico y al futuro
profesional de los hijos. Por tener miedo al fracaso, a
no cumplir las expectativas de sus padres, la preocupa-
ción de estudiantes aumenta, así como sus niveles de
estrés, lo cual genera que pierdan la conanza en ellos
mismos (Ang y Huan, 2006).
Estas fuentes de presión y preocupación reper-
cuten directamente en el bienestar emocional de los
estudiantes. Quienes presentan altos niveles de estrés
académico que suelen manifestarse en ansiedad, di-
cultad para concentrarse, irritabilidad, miedo al fraca-
so, etc. Sin embargo, un bajo nivel de estrés no implica
necesariamente que su efecto sea menor, debido a que
la respuesta ante las situaciones estresantes puede va-
riar entre individuos, incluso cuando las causas sean
diferentes (Reddy et al., 2018).
Por un lado, Castillo et al. (2016) arman que
todo estudiante vive con estrés en diferentes niveles
dependiendo del programa que estudien. Es por eso
que, deciden aplicar los instrumentos de Ansiedad
estado-rasgo y el Inventario de estrés académico para
medir el nivel de ansiedad y los generadores del estrés.
Para ello se realizó un estudio donde participaron 78
estudiantes de la carrera de Enfermería y 76 de la Tec-
nología Médica, ambos grupos del 2º año de la Uni-
versidad de Chile. Los resultados muestran un nivel de
ansiedad leve en el 56.6 % y en el 32.1 % de los alumnos
de las carreras de Tecnología Médica y Enfermería, res-
pectivamente, mientras que el nivel de ansiedad severa
20.5 % se ubica en Enfermería. Y para los dos grupos
resultaron los mismos generadores de estrés, como: el
exceso de tareas y los tiempos reducidos para su entre-
ga y para la solución del examen.
Ticona et al. (2021) sugieren que para controlar el
estrés se pueden llevar a cabo diversas actividades físi-
cas y recreativas, que ayudan a contribuir al bienestar
emocional y reducen la tensión acumulada. Sin em-
bargo, cuando estas estrategias no resultan efectivas,
es común que la persona experimente sensaciones de
miedo, angustia, insomnio o dolor de cabeza de mane-
ra frecuente. Según López (2014), cuando estos sínto-
mas se mantienen en el tiempo, puede hablarse de la
presencia de un trastorno de ansiedad.
En conclusión, el estudio de la ansiedad y el estrés
se justica como una prioridad de salud pública, dado
que los trastornos de ansiedad afectan aproximada-
mente a 4.4 % de la población mundial, lo cual evi-
dencia su impacto global (Organización Mundial de
la Salud, 2025). La comprensión de los factores que
contribuyen a estos estados emocionales, junto con el
desarrollo de intervenciones efectivas para su manejo,