
de terminar el primer año tuve que abandonar
de nuevo, por cosas de la vida, cosas que se te
interponen y tenes que abandonar todo. Nun-
ca quise abandonar, nunca fue mi decisión (…)
Siempre soñé con tener mi casa, porque yo
siempre viví en la calle, nunca tenía nada. (Ma-
ría, 23 años, EEMPA virtual)
A lo largo de su relato, María identica personas
que fueron claves en la construcción de otros sopor-
tes que la ayudaron a entramar una red más sólida y,
como consecuencia parcial, condiciones de vida más
dignas. Junto a una tía, a quien no conocía, se acer-
caron a la organización territorial “Los Sin Techo”,
quienes les habilitaron la posibilidad de armarse una
vivienda con chapas, lo que les permitió asentarse en
un barrio y desde allí empezar a construir esta nue-
va etapa de su vida. Fue allí, en ese momento inicial,
cuando en el Movimiento “Los Sin Techo”
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le pro-
pusieron retomar la escolarización, lo que sucedió al-
gunos años después, a la par de una casa de material,
propiedad que se encuentra a nombre de ella y de sus
hijos/as. Al reincorporarse a la escuela, María recor-
dó cuánto le gustaba. Ante la pregunta “¿en qué te
tenés conanza?” ella respondió:
En estudiar. Me había olvidado lo que era,
hasta que comencé la secundaria, me había ol-
vidado todo, habían pasado muchos años. Yo
dejé la ‘secu’ a los 13, 14 y retomé a los 18, 19.
Hacía muchísimo tiempo que no agarraba un
lápiz, fue muy difícil todo. Y ahí me acordé
que a mí me gustaba mucho leer, y aprender, y
ya se me había ido la maña. Me gusta, me gusta
aprender, leo por ahí libros. (María, 23 años,
EEMPA virtual)
Este relato permite hipotetizar que, cuando se
vio obligada a abandonar la escuela, no sólo se ale-
jó de una institución, de un grupo de amistades, etc,
sino también de una actividad que le gustaba, y la
cual pudo haber actuado también de soporte, el cual
parece haber sido reconstruido con su trayectoria es-
colar actual.
Volviendo a la maternidad, ocho de las nueve en-
trevistadas son madres y siete de ellas interrumpieron
sus trayectorias escolares, en parte, por el nacimiento
de su primer/a hijo/a. Ellos/as ocupan un lugar de
preponderancia como sostén ante los desafíos, tal
como arma Martuccelli (2007). Lo fueron antes y
también lo son ahora, en relación a que les permi-
te atravesar el proceso de individuación típico de la
modernidad mediante la identicación, entre otras
cosas, con la maternidad. Han sido recurrentes frases
del tipo de: Yo quería que mis hijos vieran que era
importante, que estudien, que más allá de que en su
momento tuve que dejar, que luego se puede re-
tomar” (Florencia, 39 años EEMPA presencial);
“tuve una vida tan difícil que no quiero que mis
hijos pasen por eso” (María, 23 años, EEMPA
virutal); “el día de mañana que mi nena vea que
terminé, ayudarla a ella a progresar y que no vea
que la mamá se quedó con la primaria y listo.
(Milagros, 23 años EEMPA presencial)
Estos relatos permiten observar que la ma-
ternidad se habilita como un rol pasible de ser
cumplido, a diferencia de la condición de estu-
diante. Según Martucelli (2007, p. 119),
El rol establece un vínculo entre las es-
tructuras sociales y el actor, relacionando
modelos de conductas a los diversos status
o a las posiciones sociales, lo que garanti-
za la estabilidad y la previsibilidad de las
interacciones (…) pero, aparte de algunos
elementos centrales y absolutamente in-
dispensables, queda a disposición de cada
actor una libertad más o menos grande,
ya que cada uno tiene su manera de repre-
sentar un rol. Por lo tanto, siempre hay
una disparidad entre el modelo prescrito
por un rol y la manera singular con la cual
es efectuado.
Desde tal denición, el autor incluye
distintas variables para los roles, dentro de los
cuales considera al tipo de rol impedido para
referirse a un rol que no puede ser cumplido,
aun cuando se espera que la persona lo haga.
En este caso, las entrevistadas se percibieron a
sí mismas por mucho tiempo como incapaces
de cumplir el rol de estudiantes, situación que
solía ser percibida como responsabilidad per-
sonal. Como se verá más adelante, el PVaE así
como los distintos vínculos construidos alre-
dedor de esta nueva experiencia escolar, entre
ellos, los baqueanos cercanos (Martínez, 2016),
el cuerpo docente, y el grupo estudiantil, entre
otros, colaboraron con la ruptura de ese rol im-
pedido, para dar lugar a la ejecución de un nue-
vo rol que no queda denido por el pasado, sino
por el presente y por las posibilidades —reales o
potenciales— que se abren hacia el futuro.
De acá a diez años me encantaría tener un
buen negocio, bien armado, bien termi-
nado. Y decir, pude. Me encantaría tener
un negocio ya hecho, con mi papá al lado
y decir: bueno, yo sola puedo. Mi papá
está conmigo porque me quiere dar una
mano, que yo salga adelante, entonces yo
¿Cómo se construye la experiencia escolar en la adultez?